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Ecos

Caja de cerillas (4)

03 agosto 2006

...esto viene de...

Solo cerrar la puerta, se dirigió hacia la ventana, miró hacia abajo, buscando, allí estaba Miguelito, compañero en estos últimos años de fatigas, borracheras y fechorías. Le hizo un gesto con la cabeza, no quiso silbar o llamarle a viva voz, al cruzarse las miradas le sonrió y le lanzo las llaves. El delgaducho amigo alcanzo a cogerlas sin que cayeran al suelo, rápidamente con una forma de correr descoordinada se dirigió al imponente vehiculo, abrió la puerta, subió, se situó dentro de aquella oportunidad llamada dinero y lo arrancó, ya sabía donde tenía que ir, nada era un correcalles sin sentido, salvo para el propietario puto que bajaba velozmente, casi tirándose por los escalones de aquella escalera peligrosamente vieja y llena de vida pasada. Andrés escuchó el chico bajando por la escalera, dando gritos sin sentido, pensó que tumbaría la puerta pero no, el joven salía momentos después a la calle, buscando el coche como un desesperado.

Estaba desconcertado, como le podía suceder a él, además que podía hacer, tenía que pensar, una coartada, alguna historia para contar a la policía de que un joven ejecutivo como él estaba rondando por un barrio sin alma que lo preparaban para ser arramblado. Pero no era lo que más le preocupaba, era su familia, su mujer, su padre… que les podía decir, si lo descubrieran sería su final, no ya tanto a nivel familiar, al fin y al cabo la sangre acaba perdonando, no así su mujer que además esperaba el segundo hijo, demasiado joven, para tener dos hijos, demasiada mujer para masticar todo aquello, por muy buena que fuera su historia, siempre quedaría la mancha perenne. Reaccionó al tiempo sideral de pensamientos, se deshizo de la vista en blanco y volvió a esa calle, preguntó a algunos vecinos, gente que pasaba en esos momentos, a los “chicos” del bar, evidentemente nadie sabía nada. Se dirigió entonces hacia la vivienda de aquel individuo educado pero con tono desparramado que le invito a subir a su casa, toco insistentemente la puerta, primero con el timbre, luego a puñetazo limpio, miró por debajo de la puerta, intento abrirla usando la maña y la fuerza, allí no había nadie. Se detuvo, grito por última vez y desapareció, ya tenía una coartada, no era la mejor, perdería su maravilloso descapotable, pero salvaría todo lo demás.

Efectivamente, no había nadie, Andrés estaba el piso de arriba, hablando con su no amigo ni tampoco enemigo vecino, los dos sentados, alrededor de la televisión y la anciana.

- ¿Habéis sido vosotros no?

- Eso le pasa por listo, por meterse en territorio comanche sin saberse los códigos mínimos, aquí no iremos con corbatas ni descapotables de sietes kilos pero tenemos respeto, somos supervivientes y no nos gusta robar.

- Joder, anda mira la puta tele y calla que ya me sé tu historia de corsario de memoria cabrón.

- Tu madre no se aguanta, espántale las moscas a la mujer y coño, diría que huele a meado - Mientras la miraba con cara de desprecio, tenía la convicción de que llegado a ese punto lo mejor era adelantar la muerte, pero no quería decirlo, sabía que le saldría con la falsa moral y estaba demasiado harto de esa pantomima.

Se quedaron mirando los tres una película del oeste que ponían veinte mil veces, de fondo se escuchaba la rutina, el correr de la voz hizo que se pusiera de moda, no había que desperdiciar la ocasión, siempre había alguien dispuesto a pagar, pese a subir los servicios

...y continua por aquí...

Gritó Casshern25 a las 12:01 a. m.

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